PEA (Pensamiento, Emoción, Acción) ciclo de trabajo para cambios profundos.

Una de las razones por las que elijo el formarme y trabajar en el ejercicio del Coaching fue la de encontrar una actividad que al realizarla me permita crecer durante el ejercicio de la misma. No dejo de aprender en cada sesión con cada persona que me pide acompañarla en la implementación de cambios que favorezcan sus retos y sueños. No dejo de aprender de cada ejecutivo que se propone ser mejor líder y ser humano. Con cada emprendedor que gesta su sueño en medio de una mezcla de ansiedad y optimismo, de mucha adrenalina!
Uno de los aprendizajes que más me sorprende es la forma que “verbalizamos” nuestras intenciones de cambio y como estas pueden llegar a parecer tan “desenganchadas” de las emociones y sentimientos que las preceden y pensamientos (creencias) que las activan.
Quiero detenerme en las Creencias, eso que pensamos y creemos de nosotros mismos y modula nuestra percepción de la realidad (y nuestra reactividad). Las creencias son los principios por los que nos guiamos, sean ciertos o no. Son, finalmente, los verdaderos criterios por los que actuamos y no necesariamente los que declaramos. Se manifiestan en los hechos, no en las palabras. Tus creencias van formando tu identidad (los de mi familia somos así, nunca tengo suerte, etc.) algunas nos sirven y potencian otras no, y nos LIMITAN. Estos extensos patrones inconscientes de pensamiento son difíciles de identificar a veces, las convicciones con más determinación están siempre más lejos de la conciencia.

Una historia de Pan Horneado:
El esposo miraba a su mujer poniendo el pan en el horno e intrigado le pregunta ¿por qué cortas los extremos del pan? porque ese es el modo de hacerlo, contestó ella. Al insistir el esposo en el cuestionamiento, la esposa afirma: así me lo enseño mi madre y además es la mejor forma para que el calor entre por los extremos y el horneado sea mejor y parejo, agregó que en términos estéticos las puntas no se veían bien, entre otras razones más.
En otra oportunidad el esposo se encuentra con su suegra y aun intrigado le hace la misma pregunta respecto del horneado del pan y esta respondió que así lo hacía, porque así lo hacia su mamá. La intriga se volvió insoportable y fue a preguntarle a la abuela, la anciana con extrañeza respondió de manera espontánea: así lo hago porque, de otra manera, no entraba en mi horno.
La elevación a criterio de una experiencia suele ser el inicio de una creencia. Somos lo que creemos y pensamos.

El Ciclo PEA y el Coaching con PNL

Si estamos conscientes que nuestras “reacciones” ante diversas situaciones están moduladas por nuestras emociones y estas activadas por nuestros pensamientos y creencias, entonces estaremos de acuerdo que no podemos emprender un proceso de cambio real sobre la “reactividad” sobre el “personaje” ya que si la creencia se mantiene, la “orden oculta” estará siempre presente.
La Programación Neuro Lingüística (PNL) a través de la técnica del Metamodelo nos permite eliminar las distorsiones y sub modalidades del lenguaje para poder identificar de manera más específica la(s) conductas a cambiar (eliminando las generalizaciones del lenguaje) para luego poder emprender el camino a descubrir (y trabajar) emociones (sentimientos) y pensamientos (creencias) que la preceden y activan.

Veamos ejemplos:

Claudia, es una chica de 28 años que siente que su vida amorosa no funciona, no ha tenido “suerte” en el amor dice, mis relaciones no maduran y necesito que me amen! Ella me pide la apoye con su intención de cambiar esta situación. Luego de la aplicación de la técnica (metamodelo) se hace más específica y real la necesidad y conducta a cambiar. Ahora “no tengo suerte en el amor” nos lleva a “tengo miedo a que me critiquen”
Ese temor lleva a Claudia a reaccionar bloqueando las aproximaciones amorosas y cuando estas van incrementadas su intensidad el temor se incrementa de manera exponencial, rompiendo la relación. La pregunta es ¿Qué activa ese temor? ¿Qué creencia (pensamientos) existe detrás de ese miedo y reacción? Al continuar explorando llegamos a descubrirla: “soy una persona llena de defectos” mientras Claudia no cambie esa creencia, el miedo no se irá y la reactividad instalada continuará bloqueando sus relaciones amorosas, así aprenda todos los tips y aplique los consejos de sus amigas. El ciclo del PEA en acción.

Roberto, es un ejecutivo muy bien calificado en su empresa y cuenta con las acreditaciones que el mercado le demanda. Sin embargo luego de un assesment realizado en su empresa, la consultora encargada por la alta dirección sugiere que él debe ser más creativo para alinearse con el perfil de competencias que la nueva gerencia exige. Me asignan el apoyo a Roberto y el define inicialmente su problema como “no soy creativo y necesito serlo” continuando con el proceso de coaching eliminando las distorsiones del lenguaje (verbalización del problema) concluimos que el cambio es necesario en otro nivel, en la “inseguridad” de presentar a la gerencia un plan sin apoyo en referencias académicas e inédito. ¿Qué pensaba Roberto? ¿En qué creencia se sustenta su manera de pensar y sentir? Hay mucha información adicional en el caso, pero para los efectos los obviaremos para decir que la creencia era: “Hay que seguir las reglas y modelos probados para hacerlo profesionalmente” y claro, la creatividad muchas veces necesita romper el status quo, pensamiento divergente e innovación. Hoy está implementando nuevas ideas que previamente fueron presentadas, sustentadas y aprobadas para su territorio.

Todos vamos adquiriendo creencias desde niños, muchas de ellas potenciadoras y otras limitantes, hay que cambiarlas últimas conservando los beneficios que podrían tener en algunos aspectos de nuestras vidas. ¿Se imaginan la importancia de reconocer tus creencias limitantes? ¿Cómo si somos jóvenes padres podemos no transmitirlas a los hijos? ¿Si somos jefes cómo podríamos estimular la creatividad de nuestro equipo de trabajo?
Se puede!

La inteligencia, se encamina hacia el espíritu!

Desde inicios del siglo XX con la propuesta y difusión del denominado Coeficiente Intelectual (en alemán Intelligenz-Quotient, IQ) muchos de los que nacimos por los años 60’s  fuimos impactados y clasificados (con las consecuencias que esto generaría en el planteamiento de metas futuras) por este índice. Si tu resultado era 100 o menos casi no servirías para nada, hasta 115 en el promedio y solo más allá de 130 tendrías un futuro brillante y serías destacado y exitoso en “la vida”, atrevida sentencia implícita en la hoja de resultados de un test.

Mucho se ha estudiado al respecto luego del apogeo de esta  herramienta. Los resultados de estudios posteriores  sugieren que las pruebas de  IQ o CI tienen “fallas fundamentales” porque no toman en cuenta “la compleja naturaleza del intelecto humano con todos sus distintos componentes”.

Gardner en 1967 propuso la teoría de las Inteligencias Múltiples a través de la cual las capacidades de un individuo se podrían medir más allá del razonamiento lógico matemático-verbal. Con este precedente ( y observando en la vida real que la regla del alto IQ o CI no se relaciona necesariamente con el éxito laboral o social) Daniel  Goleman  planteó con mucho revuelo la denominada Inteligencia Emocional, aquella que nos revela como individuos capaces de tomar el control de nuestras emociones, motivaciones y relaciones con los demás. Explicando como el desarrollo de esta condición en niveles destacados (y seguro junto al desarrollo de otros tipos de inteligencias necesarias para el desarrollo de tus tareas y perfil) nos permite mayores niveles de autoestima, empatía y el muy deseado éxito laboral o profesional.

Todas estas teorías determinan  herramientas que nos permiten mejoras en el desempeño de las personas en sus distintos roles (profesionales, familiares, sociales), enfatizo en roles, necesarios para la vida en comunidad y sobre todo para la competitividad.

Las empresas (y todo proyecto comunitario) necesitan personas empáticas, capaces de trabajar en equipos, asumir condiciones  liderazgo situacional y mantener el control de sus emociones  según convenga. Ya los niveles de  instrucción y acceso al conocimiento son cada vez mayores  y estandarizados, lo que vuelve a destacar es lo que aportas además por el tipo de persona que eres.

Entonces estamos nuevamente en la parte del ciclo donde la persona humana cobra denotada relevancia, en buena hora!

A estas alturas la pregunta es ¿Cómo logro ser, más y mejor inteligente? la respuesta desde mi punto de vista está en la palabra SER. Trabajar tu mejor condición del SER.

Los cambios importantes (no digo grandes, dejar un vicio es un gran cambio pero no necesariamente profundo en tu condición de ser humano) son siempre profundos y no se pueden realizar desde “el personaje” desde aquello que con el tiempo somos fruto del querer tener y saber hacer. Influenciados por creencias adoptadas a lo largo de nuestras vidas (algunas que nos mejoran y ayudan, otras muy nocivas) que en mayor o menor grado nos alejan de nuestro YO esencial. De nuestro espíritu o conciencia.

La propuesta de una “nueva” o re-descubierta  inteligencia como la Inteligencia Espiritual abre nuevos caminos a la auto-realización, felicidad y por qué no mayor productividad y rentabilidad.

El desarrollo de La Inteligencia Espiritual se convierte en un camino para vencer en nuestra principal lucha para crecer, vencer a nuestro ego, es también el motor que impulsa la condición humana más altruista, la trascendencia. Ir más allá de nosotros mismos impactando ( tomando conciencia universal) positivamente nuestro entorno, convirtiéndose en una gran fuerza transformadora, que paradójicamente se consigue al mirar hacia dentro de nosotros mismos, conectándonos con nuestro SER esencial, elevando el nivel de nuestra conciencia, más cerca del creador.

La vida “moderna” nos exige re-descubrirnos y re-inventarnos (ver otras entradas en el blog) y el camino de la espiritualidad es hoy en día nuevamente reconocido y valorado, además de imprescindible, en mi opinión. Cultivar tu IE es una acción competitiva desde todo punto de vista. Nos acerca a la felicidad sin mediador, a desarrollar la capacidad de amar y por lo tanto de darse. Motivarse al logro con trascendencia y conciencia. Un cambio profundo, desde dentro, que impacta todo, a favor. Si tú cambias todo cambia.

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