Miedo en tiempos de Corona Virus

El miedo es esa emoción básica que nace del cerebro, principalmente en la amígdala cerebral parte del sistema límbico, aquella que desde el inicio de los tiempos sirvió al ser humano para sobrevivir ante depredadores y otras amenazas como sistema de alerta biológico (alterando pensamientos y conductas) ante situaciones desconocidas, activando hormonas como la adrenalina y el cortisol para respuestas rápidas.

¿Qué sucede con el miedo en el ser humano del siglo XXI? ¿Qué rol juega en los nuevos retos de la especie y sociedad?

A diferencia de nuestros antecesores, la activación del miedo (o temor según su intensidad) en el ser humano del siglo XXI, sirve para enfrentar otras situaciones de peligro que ofrece la sociedad “moderna”, también actúa en coordinación con otros sistemas ahora más evolucionados del cerebro como la corteza (prefrontal principalmente) cerebral, capaces de almacenar información (que no tenían nuestros antepasados) para “mejorar” la respuesta cognitiva ante situaciones de amenaza, pero también condicionar (mensajes externos juegan un rol importante) conductas individuales y colectivas. Aprendemos a tener miedo (incluso cuando la situación no es real) y asociamos conductas compensatorias a este, dimensionadas o sobre dimensionadas.

Miedo, gran movilizador

Millones de mensajes circulan en el mundo alrededor de esta pandemia, muchos con la intención de informar, otros con intención de criticar, muchos para satirizar y algunos no menores para hackear información.

¿Pero más allá de la intención, qué causan en nuestro sistema emocional? ¿Cómo el miedo nos podría afectar y ya no proteger?

Dependiendo del tiempo que dispongan o nivel de acceso a información, la gran mayoría de nosotros se ha visto expuesto a un nivel saturado de información respecto a la posibilidad de infectarse, riesgos asociados, prevención y regulación al respecto, la primera respuesta en algunos, la negación (a mí no me pasará) y luego o rápidamente en otros, la aceptación y MIEDO o alguna conducta compensatoria (me puede pasar, como responderé a esa amenaza) que lo evidencia. Es normal, natural y hasta adaptativo.
El asunto es que ya podrías tomar tus decisiones respecto de como, racionalmente, actuarás ante esta amenaza, pero la “información” sigue llegando en todas sus formas, llegan también las respuestas y opiniones de otros, llegan abrumadora e insistentemente por todos los medios informes de situación y repetición de información.
¿Cuál es el momento de dosificar o clasificar la información que necesitas?
Pues cuando ya no aporta más a tu decisión informada y te genera ansiedad, saturación que bloquea tu concentración y te llevan a sentir indicios de pánico o conductas asociadas a el (mira los anaqueles de los supermercados)
Algo también muy humano, es tratar de controlar (cierto nivel es bueno) muchas veces lo incontrolable, no me refiero a las políticas de prevención, mitigación o aislamiento que los protocolos propios de situaciones de pandemia ameritan, me refiero a el impulso, que genera estrés, por aspirar a hacerte cargo más allá de lo que puedes hacerte cargo. Tú puedes hacerte cargo de tus conductas de prevención, de tus hábitos sociales, de tu solidaridad, etc. Pero tendrás que confiar en otros para la ejecución de otras acciones y no bloquearlas o sabotearlas fruto de tu ansiedad o temor. Saboteamos la salud del otro cuando desabastecemos algunos artículos de primera necesidad, somos poco solidarios con el prójimo cuando acopiamos más de los necesario, cuando marginamos. Las crisis sacan lo mejor o lo peor de las personas.
Que esta pandemia sirva para incrementar los niveles de empatía social, para crecer emocionalmente gobernando nuestras emociones y generando acciones solidarias en desmedro del individualismo. Una crisis de salud como esta no es posible controlarla si no hay sentido comunitario y responsabilidad individual. Es un gran momento para reforzar valores familiares y sociales, para mirar hacia adentro y hacernos cargo con protagonismo, cambiar lo que yo tengo que cambiar para ser más útil y sentirme fortalecido (genera oxitocina que ayuda a mejorar las defensas y sentirnos bien) Para mirar al prójimo con amor, aun cuando la distancia física sea necesaria temporalmente, para incrementar la fe en Dios y orar por los que sufren realmente el impacto de esta situación.
Néstor Montestruque A
Coach